¿Has hecho ya tu máster de búsqueda de empleo?

Este verano no he posteado casi nada. Sumando las vacaciones y las vueltas a la cabeza que he dado con nuevos proyectos, sí que me ha dado tiempo de reflexionar sobre varios temas.
Uno de ellos es el gran crecimiento que han experimentado los blogs y tuiteros (en algunas ocasiones, un servidor) que hablan sobre recursos humanos, pero más concretamente sobre orientación profesional y búsqueda de empleo. En los últimos años los servicios de ayuda para el desempleado se han multiplicado, ya sea a través de los servicos públicos de empleo de las comunidades autónomas (servicios OPEA, tutores de empleo, etc…) y también, como ya decía antes, a través de muchísimos posts y tuits en la red.
No cabe duda de que el desempleo puede ser una de las mayores preocupaciones para los españoles en la actualidad. Son millones las personas y familias que se encuentran en paro y tienen que vérselas cada día con situaciones complicadas, no sólo a nivel económico, sino en la mayoría de las ocasiones también a nivel social y psicológico.
Quedarse en situación de desempleo supone, a priori, una serie de consecuencias:
         Menos o nulos ingresos económicos.
         Situación de indefensión aprendida, en donde por mucho que hagamos parece que no conseguimos nada.
         Pérdida o dificultad para el mantenimiento del status social.
         Desconocimiento del mercado laboral, sobre todo en los casos en los que se llevaba trabajando en el mismo puesto y empresa durante largos años.
Sin entrar en detalle en otras posibles consecuencias, lo que sí queda claro es que estamos ante millones de “consumidores” que necesitan de un “servicio” en concreto. Ya hace tiempo se ha planteado en algunos blogs la pregunta de si pagaríamos por que alguien nos facilitara la búsqueda de empleo, o directamente, nos encontrara un trabajo. Alfonso Alcántara hablaba de ello en dos posts de hace ya algún tiempo, donde se describían los servicios  “premium” o de pago que habían establecido algunas webs de búsqueda de empleo o de networking. No es el motivo de mi post entrar a discutir o no si estos servicios son caros o baratos (es conveniente revisar la discusión generada en los dos posts de Yoriento) sino más bien discutir acerca de ¿Por qué da tanto miedo en España pagar por estos servicios?
Creo que uno de los principales motivos es el temido “voluntarismo” que se asocia a algunos oficios en concreto, sobre todos aquellos que están enmarcados en el ámbito de lo “social”; es decir: estamos muy acostumbrados a que determinados trabajos asistenciales se ofrezcan con un carácter de gratuidad (por ejemplo, empleos de la rama sanitaria, trabajadores sociales, psicólogos, educadores, etc…). De alguna manera, “nos parece mal” que se cobren por esos servicios porque estamos acostumbrados a que se nos ofrezcan sin pagar un euro a través de diversas instituciones, aunque también es cierto que cuando estamos descontentos con esos servicios prestados acudimos a uno privado, bien para que nos atiendan mejor o para tener una segunda opinión.
O sea que, siguiendo con el mismo ejemplo, en cuestiones sanitarias no solemos dudar en acudir a un profesional “de pago” porque nos parece más fiable o con un mayor prestigio que los servicios públicos. Hasta cierto punto, es bastante comprensible, ya que la salud es algo que todos queremos conservar.
Pero vuelvo a hacerme la misma pregunta: ¿por qué no pagar a un profesional que nos facilite la búsqueda? O mejor todavía ¿por qué no crear una empresa dedicada a ello si tenemos experiencia en la materia? En los últimos años asistimos en nuestro país a una terciarización de la economía, en donde podemos obtener servicios de todo tipo, cada vez más especializados: nos traen la compra a casa, conseguimos smartphones estupendos a bajo precio cuando tenemos puntos acumulados en nuestra operadora, tenemos buenos sistemas de transporte…etc…
Sin embargo, la búsqueda de empleo se convierte en una especie de entrenamiento militar, en donde debemos, entre otras cosas: mejorar habilidades personales, ser unos excelentes redactores de curriculums, hacernos especialistas en las entrevistas de trabajo apuntarnos a todas las bolsas de empleo habidas y por haber…y por si fuera poco, en entornos 2.0 debemos darnos de alta en las principales redes y familiarizarnos con un nuevo tipo de comunicación. En conclusión, parece que hay que hacer un trabajo de especialización para conseguir un puesto de trabajo.
 No digo que todo lo anterior no esté bien, sin duda el entrenamiento en ciertas habilidades no sólo supone una mejora de las posibilidades de empleabilidad, sino muchas veces también  nivel personal…pero cambiemos la temática de búsqueda de empleo con algo más banal. Imagínate que se te avería tu coche…¿harías un curso exhaustivo de mecánica para conocer todos los elementos al detalle de un motor de inyección, o contactarías con un mecánico de tu confianza para que hiciera un buen diagnóstico y reparara el vehículo?
La mayoría de nosotros, aunque también hay mucho “manitas”, llevaría el coche al taller. Entonces, ¿qué ocurre con la búsqueda de empleo? ¿No es suficientemente importante como para pagar a un profesional? ¿Por qué no contar con la ayuda de personal cualificado para que nos preste ese servicio?
Podría parecer que tiro piedras contra mi propio tejado, ya que ha sido durante algunos años orientador profesional, pero no se trata de eso…algunas personas elegimos a los médicos de la Seguridad Social y otros acudimos a privados; eso no significa que uno tenga que ser mejor que otro, sino que se trata de un sistema de libre mercado y de libre elección del usuario o consumidor. ¿Por qué entonces demonizar la posibilidad de un servicio de empleo profesional y privado? ¿Es malo en sí mismo?
Ahí dejo las preguntas. Sólo me planteo que si no se modernizan los servicios públicos de empleo o surgen otros privados que innoven y ofrezcan un buen servicio, muchos deberemos seguir haciendo un “máster en búsqueda de empleo”

Oliver Serrano León

Mi proyecto de búsqueda de empleo (II): no pierdas la noción del tiempo

Hace algunas semanas empezaba un ciclo de posts dedicados a mi propio proyecto de búsqueda de empleo, ya que, aunque trabajo con gran entusiasmo a tiempo parcial en una magnífica consulta privada de psicología e imparto formación cuando puedo y cuando me dejan, los ingresos que obtengo no son suficientes y ando buscando qué soy y en qué puedo encajar en el mercado.

En el primer post hice un análisis DAFO personal, que si bien era algo sui generis, ya que de alguna manera empezaba la casa por el tejado (analizaba mis pros y contras personales y profesionales pero sin objetivos demasiados concretos), me ayudaba a clarificar pasos a dar para conseguir mi propósito en cuanto a empleo se refiere.
Una vez que tengo más o menos claros mis cualidades y defectos y cómo encajarlos en el mercado de trabajo, el siguiente paso sería hacer un DAFO estratégico con un objetivo claro, pero antes de eso me gustaría reflexionar sobre una de las cosas que le suelen pasar a las personas que se quedan en situación de desempleo: la pérdida de la noción del tiempo.
Estamos ahora mismo en la estación del año por excelencia para irnos de vacaciones. Algunas personas ahorran durante todo el año para darse un capricho y volar unos cuantos miles de kilómetros, otros se quedan más cerca de su residencia habitual y algunos, por desgracia, se quedan en casa porque no pueden permitirse salir de ella. Pero en cualquiera de los casos, cuando disfrutamos de las vacaciones desconectamos de tal manera que no somos conscientes en qué día vivimos: un lunes puede ser igual que un domingo porque no hace falta que nos levantemos temprano y nuestras obligaciones se reducen drásticamente.
Pero lo peligroso es estar en situación de desempleo y confundirlo con estar de vacaciones. No cabe duda de que cuando llevamos muchos años trabajando y nos quedamos en paro los primeros días no encajamos bien la situación: nos levantamos de la cama pronto, vemos que en la calle hay actividad porque es un día laborable, pero nos sentimos extraños porque “no hay nada que hacer”. Aunque es aconsejable, si es posible, tomarse un pequeño período sabático para la reflexión antes de iniciar la búsqueda de empleo, ese período puede convertirse peligrosamente en una pérdida de la noción del tiempo para el desempleado, y una confianza ciega en que “ya vendrán cosas mejores” y “el tiempo lo arreglará todo”.
Si a esa situación le sumamos la época estival, es muy fácil dejar pasar los días uno tras otro y no percibir en qué día vivimos ni seguir el ritmo de “los que trabajan”. En mi caso, al trabajar algunos días a la semana no he perdido del todo esa visión, pero las mañanas se han convertido en un espacio demasiado disperso, donde unos días hago cosas y otros no, depende de las circunstancias, y no es bueno que las circunstancias mediaticen totalmente las actividades, eso desde luego. Aunque el tiempo “libre” me ha permitido disfrutar más de la familia y eso no tiene precio
Así que mi siguiente propósito, aún no teniendo todavía del todo claro el proyecto a realizar (aunque cada vez lo tengo más claro y probablemente lo publique en un próximo post), cuando el camino se despeje y los árboles no me impidan ver el bosque, me plantearé hacer una plantilla de horarios como si estuviese estudiando o trabajando (es más: creo que buscar trabajo debe ser un trabajo en sí mismo, por muy mal que estén las cosas).
Hasta el momento no puedo decir que haya estado inactivo: me molesto en mirar ofertas de empleo, he acudido a algunas entrevistas, y como ya he dicho, sigo trabajando en lo que me gusta. Sin embargo, creo que debo racionalizar el tiempo para todas estas actividades independientemente del proyecto que vaya a iniciar. De otra manera, puedo caer en un estado más apático porque un martes o un viernes significan lo mismo para mí de momento.
En resumidas cuentas, al menos por mi parte, voy a intentar aprovechar las horas que tiene el día de forma racional, y no que las horas se aprovechen de mí.

Desempleo y cursitis: deja ya de formarte y haz algo más

Uno de los fenómenos que más se extienden entre los profesionales que están en situación de desempleo es un tipo de sentimiento de culpa por “no ser productivo” o por “no estar haciendo nada” cuando no se tiene trabajo.

En este tipo de situaciones, y es algo que avalamos muchos orientadores y la inmensa mayoría de las instituciones, uno de los recursos más usados es la formación, con el objetivo de reciclarnos o recualificarnos y tener una ventaja añadida y competitiva con respecto al mundo laboral.
La oferta formativa actual permite que nos formemos gratuitamente a través de los planes de Formación para el Empleo en muchísimas áreas de interés: podemos encontrar acciones formativas a miles en el entorno de la gestión empresarial, otras tantas en nuevas tecnologías, y en general, casi cualquier persona puede ser potencialmente consumidora de una formación avalada y financiada por el Estado y Fondo Social Europeo.
En todo caso, más allá de que la formación sea pública o privada, para mi opinión son dos grandes oportunidades las que nos ofrece la misma: por un lado, la adquisición de conocimientos o habilidades que nos van a permitir mejorar nuestra productividad en el entorno de trabajo, y en segundo lugar, contactar con personas que se encuentran en una situación similar a la nuestra y comenzar a realizar un proceso de networking, con las ventajas que ello conlleva.
Pero lo que a priori son ventajas, también se convierten en inconvenientes. En los años que llevo impartiendo formación, me he encontrado con un perfil que suele repetirse: la persona que se dedica “profesionalmente” a recibir formación. Suele tratarse de desempleados con una buena formación de base, pero que por diferentes motivos se encuentran desempleados y quieren formarse. Digamos que hasta ahí, todo bien y muy similar a cualquier otro perfil. Sin embargo, estas personas, al acabar un curso empiezan otro, y al acabar éste, otro más, hasta empezar a recorrer la senda de un círculo vicioso con complicada salida.
La teoría implícita que suele residir en estos perfiles es algo así como “cuanto más me forme, más posibilidades tendré de insertarme en el mercado laboral”. Quizás el error reside en que no se trata de “más” sino de “mejor”. La acumulación de horas de formación complementaria no garantiza en absoluto una mejora de la inserción; si acaso, garantiza un mayor de gasto de papel o más movimientos de nuestros dedos al redactar nuestro CV.
Muchos de estos perfiles acumulan a lo largo del año (sobre todo cuando se trata de personas que están percibiendo una prestación por desempleo amplia en el tiempo) cientos de horas invertidas en mejorar su perfil, pero lo más curioso es que suelen quejarse de que no les llaman para ninguna oferta de trabajo. Lógico, ya que se están centrando en la formación para mejorar la empleabilidad, pero se olvidan o carecen de tiempo para la búsqueda de empleo (sobre todo casos en que una persona hace dos cursos a la vez de 5 horas al día cada uno: el poco tiempo que queda básicamente es para comer y para dormir).
La formación como alternativa a los períodos de desempleo es una buena opción, pero no es la única ni debe consumir todas nuestras energías: además reflexionemos por un momento a qué tipo de acción formativa dedicaremos nuestros esfuerzos (muchos cursos “se ponen de moda”, y lo único que se consigue es generar una mayor competencia entre los trabajadores, si no pensemos en el caso de los Técnicos en Prevención de Riesgos: muchas personas lo hicieron porque había demanda y por moda, no tanto por vocación y ahora nuestro país tiene un exceso de oferta de estos profesionales).
Y entonces ¿qué hacemos? ¿Dedicamos menos horas a formarnos y dedicamos ese tiempo a la búsqueda de empleo? Realmente lo importante no es el número de horas dedicadas, sino la rentabilidad que podamos extraer de las mismas. Siempre defenderé la formación complementaria como una de las vías para mejorar como profesionales, pero antes de hacer un curso de 500 horas que nos resta tiempo para otras cosas, pensemos bien si merece la pena esa inversión. Algunos de los desempleados que se “hinchan” a hacer cursos pueden tener un problema de autoestima laboral y pensar que nunca están lo suficientemente preparados para desarrollar con eficacia las tareas de un puesto de trabajo.

Quizás la formación no sea el problema (ya hemos comentado por aquí los problemas de la “sobreformación”), sino una cuestión más personal: clarificación de objetivos profesionales, posicionamiento en el mercado laboral, visibilidad en las redes yu una mejor práctica del networking, etc….No hay recetas mágicas ni yo me las voy a inventar ahora, pero simplemente sería bueno pensar que la formación también tiene un límite, y aunque es un parte muy importante del proceso de búsqueda de empleo, no lo es todo. Haz algo más aparte de formarte.
Oliver Serrano León.

ORIENTACIÓN LABORAL: OLVÍDATE DE LOS DOGMAS DE FE

“De acuerdo a la doctrina contemporánea de la Iglesia Católica Romana, un dogma es una proposición de fe o de moral revelada por Dios, transmitida por la tradición apostólica, y propuesta formalmente por la Iglesia a los fieles, sea por la autoridad papal, por un concilio o simplemente por el magisterio ordinario de la sucesión apostólica de los obispos. La creencia en los dogmas de fe es condición indispensable para la pertenencia a la Iglesia cristiana; de acuerdo al principio de extra ecclesiam nulla salus (“no hay salvación fuera de la Iglesia”), se considera que la aceptación integral de los dogmas contenidos en el Catecismo es indispensable para la salvación del alma.
Los dogmas incluyen tanto la doctrina explícitamente presente en el texto de la Biblia como la contenida en la Tradición y formalizada por la enseñanza eclesiástica (Magisterio). Los artículos del Credo, la infalibilidad del Papa, la Inmaculada Concepción de María o la transubstanciación de la hostia y el vino en la misa son ejemplos de dogmas de la segunda clase”
(tomado íntegramente de la Wikipedia, aquí).
Introduzco el post con una definición de dogma porque creo que los que hemos trabajado hasta ahora en orientación laboral hemos sido algo dogmáticos, aunque probablemente sin mala fe, nunca mejor dicho 😉
En muchas ocasiones nos hemos malacostumbrado a practicar un proceso de orientación basado en listados, consejos y dogmas. No tenemos en cuenta la posición que tenemos e la oficina. Al fin y al cabo, somos consultores, porque la gente nos consulta y lo que es peor, a veces rozamos una pseudodivinidad según para qué personas
A los orientadores nos encanta tener listados, cuantos más listados mejor, y si tienen muchos colorines y dibujitos, pues mejor. Listas de empresas de todo tipo, direcciones, telefonos, mails, etc. No se nos escapa nada ni nadie: a casi todo el mundo le  podremos dar unas cuantas fotocopias para quedarnos medianamente tranquilos.
Por otro lado, somos especialistas en consejos: “yo que tú lo haría así….no deberías planteártelo de esa manera….si quieres ya verás que puedes”…etc. Queda bonito y seguramente algo decimos cosas que pueden ser útiles, pero también se convierten otras veces en palabras que se quedan sólo en eso, en palabras.
Aunque para mí gusto lo más preocupante son lo dogmas de fe que trasmitimos, aunque sea “sin querer”, ante el usuario. No pretendo que al arte de orientar sea una ciencia exacta, ni que las situaciones de búsqueda  de empleo se puedan explicar con fórmulas matemáticas, pero deberíamos reflexionar por qué decimos lo que decimos y cómo lo decimos.
Hay varios ejemplos que son especialmente dogmáticos: el primero que recuerdo es el tamaño del curriculum. No son pocas las páginas Web, libros u orientadores que recomiendan que “el cv, si es posible, que sólo tenga una página”.Yo siempre he estado en desacuerdo con esa norma, sobre todo porque no veo qué sentido tiene. Para eso está carta de presentación: para servir de “trailer” de nuestra película y resumir datos, condensar información y atraer la atención de las personas encargadas de la selección.
Otros dogmas clásicos en la materia son imperativos acerca de la entrevista (“Haz esto”, “No hagas lo otro”). También estoy en desacuerdo en ese tipo de afirmaciones que “se dicen porque sí”, sobre todo porque obviamos preguntarnos a nosotros mismos en qué medida sabemos lo que estamos diciendo como orientadores. Podría citar varios ejemplos más, pero ese no es el eje central del problema.
Lo malo es que no nos planteamos, tanto como profesionales de la orientación como usuarios de estos servicios el por qué de las cosas. Los de un lado de la mesa se lo creen, y los del otro también. Se lanzan consignas al aire, a veces sin demasiada justificación y se convierten en  prototipos de respuesta; en el fondo a veces hacemos una orientación mecánica, sin salirnos de ciertas esterotipias de conducta.
Quizá todo el post pueda tener un tufillo a reprimenda. Es posible, pero para todos. Si somos los desempleados que usamos el servicio de orientación, no asumamos el itinerario que nos propongan como un acto de fe. Planteémonos si queremos comprimir el cv en un hoja y convertirlo en folletín, o nos gusta algo más amplio aunque lleve un minuto más leerlo; pensemos en lo que queremos realmente y si podemos hacerlo sólo acumulando listados.
Y si estamos detrás de la mesa y los papeles, parémonos a pensar por un momento si no es hora de cambiar la entradilla “Deberías hacerlo así….” Por algo más sensato como “¿Cómo crees que deberías plantearte esto?” Evitemos los dogmas socio-laboral-afectivos, y hagamos un poquito de trabajo algo más personal; no significa que practiquemos la anarquía, sino ir más allá de las recopilaciones de páginas amarillas, de papeles reciclados con webs y del color de corbata más recomendable para ponerse en una entrevista.
Otros opinarán lo contrario, pero para mí la búsqueda de empleo y el proceso de orientación no es una cuestión de fe. Una actitud adecuada ayuda, desde luego, pero no son los dogmas los que nos van a ayudar a orientar mejor o conseguir trabajo.
Oliver Serrano León

EMPLEO: SOLO NO PUEDES. CON AMIGOS SÍ

Fui de pequeño uno de los afortunados en poder disfrutar de La Bola de Cristal, aquel programa contemporáneo a la movida de los 80 y del que tantos buenos recuerdos tengo. El otro día me encontraba con un vídeo o sketch del programa que se titulaba “sólo no puedes, con amigos sí”, donde se observa a un muchacho que pretende jugar el solo al fútbol. La moraleja del vídeo es clara: para jugar al balompié, mejor con unos cuantos amigos.

Sin embargo, en muchas ocasiones creemos que hay ciertas actividades que debemos hacer solos, porque creemos que es nuestra responsabilidad. Uno de esos casos es la búsqueda de empleo. Nos encanta ir de cañas, juntarnos para hablar, hacemos barbacoas y quedamos con los amigos para que los niños jueguen juntos, pero con respecto al tema del trabajo, aunque comuniquemos a los demás que estamos en paro, no solemos usar el trabajo en equipo. Quizás somos un poco raros: por nuestros valores y educación estamos acostumbrados a ayudar a los demás, pero nos cuesta pedir ayuda a nosotros.
Incluso hay veces, aunque no la mayoría, en que ciertas personas que han perdido su trabajo son incapaces de contárselo a su propia familia, y aparentan ir a trabajar todas las mañanas porque no saben cómo comunicar esa pérdida a sus allegados. En todo caso, aquí hablamos de comunicación: hay gente que comunica su pérdida de empleo y búsqueda de uno nuevo, y gente que no es capaz ni siquiera de ello.
Pero quizás el concepto de comunicación se nos queda algo corto: hablemos de interacción. Las redes sociales y profesionales nos permiten interaccionar entre nosotros en tiempo real, y pueden darnos posibilidades interesantes en el contexto de la búsqueda de empleo.
Uno de los conceptos de los que más se habla últimamente con respecto a la búsqueda de empleo es el networking. Networking por aquí, networking por allá…no sólo encontramos ese palabro en asuntos relacionados con el trabajo, sino que viene a ser al mismo tiempo una de las más importantes causas y consecuencias de la filosofía 2.0
Con respecto al trabajo en red, significado literal del concepto anglosajón, algunos expertos y bloggers no dudan en mostrar su interés en el uso del networking para la búsqueda de empleo (pueden ver ejemplos en el blog de @seniormanager, el blog de @JoseLdelCampo o el blog de  @Yoriento), y sin embargo otros dudan de su verdadera eficacia (por ejemplo, en el blog de @David_Monreal).
Los que defienden el uso del networking hablan de la posibilidad de establecer contactos con profesionales similares a nosotros, o simplemente con personas que nos pueden aportar “algo”en nuestra vida profesional; sin embargo otras personas no ven las redes sociales y profesionales como verdaderas fuentes de reclutamiento. Una de las discusiones y debates más frecuentes es si se usan las redes como un fin en sí mismo o como un medio para llegar a otro fin. Sin embargo creo que el problema no es ese: debemos encontrar la escala de grises.
¿Escala de grises? Sí, busquemos un punto intermedio. En una sociedad donde tendemos a polarizarlo todo o a fabricar constantes dicotomías (bueno-malo, rojo-facha, normal-friki, etc), sería conveniente que examináramos la amplia de colores intermedios que van desde el blanco al negro, y más si hablamos de cuestiones como las redes en Internet. ¿Twitter es bueno? ¿Facebook es una tontería? Pues creo que sería como preguntarnos si la tele es mala o buena, o si los helados de chocolate son perjudiciales o no: si ves la tele 13 horas al día y te comes 8 helados diarios, probablemente son malo, malísimos, pero no si haces un uso adecuado de ello.
No se trata de que para buscar trabajo tengamos que poner un anuncio en la fachada de un gran edificio de la Gran Vía madrileña; simplemente podemos darle el uso adecuado a estas herramientas en la web 2.0. Hay personas que lo usan para promocionar su empresa, otras porque quieren conocer amigos, algunas para ganar concursos o dinero y otras con motivos profesionales. Pero hay algo en común en casi todos ellos: se interacciona, se lanzan mensajes y respuestas, se publican posts, se hacen retuiteos y los más importantes, se hacen numerosas desvirtualizaciones (recomiendo leer en este punto el último post de Fátima Martínez López)
Démosle el uso conveniente que creamos a las redes. Seguramente no conseguiremos trabajo a causa de ellas mañana, pero tampoco lo lograremos mañana mismo por mandar un CV por mail o inscribirnos en una web de empleo. Hagamos una búsqueda de empleo activa, pero también interactiva.
En resumen, y modificando un poco la frase que daba título al post, en el empleo solo no puedes, con networking quizás sea un poco más fácil.
Oliver Serrano León.

ORIENTACIÓN LABORAL PARA POBRES

La pérdida de empleo es uno de los problemas que mas preocupan a los españoles en la actualidad. Las cifras asustan cada vez más y disminuye el número de personas de población activa que tienen trabajo, y por ende, el número de desempleados inscritos en las oficinas de empleo no hace más que crecer.

Los esfuerzos por estudiar los recursos humanos en las empresas y la situación grave de desempleo han hecho que los últimos años la blogosfera se haya enriquecido de numerosos blogs hablando sobre estos temas: podemos encontrarnos páginas especializadas en gestión de personas, productividad, orientación profesional, etc…

Es justo citar aquí la Bloguía de Empleo, un proyecto liderado por Pedro Rojas (@seniormanager) y escrito por él y muchos blogeros especializados en el terreno de la orientación, marketing personal, etc…que se ha publicado hoy mismo (aquí está el documento de forma gratuita) y es un gran ejemplo de cómo la colaboración en red existe y da sus frutos. Se trata de una guía muy completa que proporciona herramientas útiles al desempleado u ocupado que esté buscando empleo, y desde este blog hay que agradecer el esfuerzo que han hecho muchos compañeros para compartir sus conocimientos.

Pero, independientemente de que en Internet podamos encontrar múltiples ejemplos de curriculum, instrucciones para usar el networking, coaching aplicado a la búsqueda de empleo, recomendaciones para mejorar la imagen, etc…he notado que en casi todos los ejemplos, la información que se presta es para un período de búsqueda de empleo a medio-largo plazo. ¿Por qué afirmo esto?

Nos encontramos en los diferentes blogs (y no nos excluimos nosotros) referencias hacia el cambio, la reflexión, la motivación, acercarse a la verdadera vocación profesional, huir del miedo, hacer un buen trabajo de contactos profesionales e infinidad de “consejos” o recomendaciones que faciliten la empleabilidad. Es lógico pensar que este tipo de textos son útiles para la persona desempleada, pero me gustaría que nos centráramos hoy en un determinado perfil: la persona que busca empleo porque lo necesita YA, la búsqueda de empleo a corto o a muy corto plazo

Olvidémonos por un momento de esos ejemplos maravillosos que salen en muchas revistas: “Me di cuenta que cometía un error en mi vida, ganaba mucho dinero pero trabajaba 18 horas al día….”. Probablemente (y no tiene por qué ser así en todos los casos), muchas de estas personas abandonan su proyecto vital para dar un giro de 180º porque de alguna manera, se lo pueden permitir económicamente y disponen de algún tiempo para tomar una decisión (que conste que no tengo nada contra estas personas, pero me siguen pareciendo modelos de revista en muchas ocasiones). Pero decía que intentáramos olvidarnos de estos ejemplos.

Pensemos en esa persona que llevaba una vida tranquila, sin demasiados agobios, le gustaba moderadamente su trabajo, y en un lapso corto de tiempo se queda prácticamente sin nada: la empresa donde trabaja quiebra, le debe nóminas y se encuentra a la espera de una resolución judicial. Los ahorros que tiene le dan para unos cuantos meses, pero los días pasan y el proceso no llega a su fin. O imaginemos a esa otra persona que, por circunstancias de la vida, no tiene un empleo demasiado cualificado, gana poco pero “le llega” para mantener a su familia, y por circunstancias del mercado laboral se queda sin su empleo.

Decirle a estos desempleados cosas como “es el momento de dar un giro a tu vida, debes encontrar dónde está tu talento, analiza qué has hecho hasta ahora…etc”, puede estar muy bien, pero no les ayuda a pagar la hipoteca. Uno de los profesores que tenía en el curso de orientación laboral decía que era el tipo de usuarios “bonobús”, en la medida en que muchas veces a él le daban ganas de sacárselo del bolsillo y dárselo porque no tenían ni para el transporte público.

Vale, ya sabemos que este tipo de persona no es la ideal para escribir un post sobre búsqueda de empleo: no es el usuario ideal, apenas le queda dinero y los días pasan en el calendario acrecentando su malestar y sus deudas. ¿Pero es esa una razón para no hacer nada? Desde luego que no. Algo sí que podemos hacer.

Estoy de acuerdo con Alfonso Alcántara que el trabajo de un buen orientador no es “aconsejar”, sino que la persona sea capaz de descubrir qué recursos y qué opciones le pueden ayudar, pero de cualquier manera voy a atreverme con algunos puntos que considero de interés:

  1. Quéjate para hacer catarsis, pero no te pelees con el mundo. Tu situación es muy probablemente injusta, pero estar frustrado por la situación no te va a ayudar demasiado.
  2. Tómate un minuto para plantear cuáles son las prioridades ¿te puedes permitir unas semanas pseudosabáticas para proyectar objetivos? ¿o, por otro lado, te hacen falta ingresos ahora mismo?
  3. Si la situación es urgente, hay ciertos sectores que, por muy mal que esté el mercado laboral, dan más facilidades que otros para encontrar un empleo, como por ejemplo la hostelería. No es momento éste de pensar en retomar vocaciones pasadas o emprender un proyecto innovador. No pienses en el sueldo, piensa en seguir integrado en el mercado, siempre y cuando ese sueldo cubra los gastos básicos. Hay recursos que pueden ayudar a conseguir algo a corto plazo, como ETT (aunque están muy saturadas de solicitudes) o empresas de promociones, reposiciones en hipermercados. Cuanto peor sea el horario de trabajo y mejor tu disponibilidad, más fácil será.
  4. Por otro lado, no te cortes en pedir ayuda. Uno de los males mayores de nuestra cultura es que, por un lado hay que ayudar a los demás y poner la otra mejilla, pero a la hora de pedir un favor nos cuesta una barbaridad, por aquello del que dirán…: Haz lo contrario y olvídate por un momento de ti ego u orgullo: que todo el mundo sepa tu situación.
  5. ¿No tenías Internet hasta ahora, o solo lo usabas para descargar pelis (perdón, copias se seguridad de los originales)? Plantéate entrar en la red como una buena inversión de tiempo y dinero. Aunque España es de los países en donde es más cara la red, merece la pena. Ya no se trata de que te apuntes a cientos de páginas de empleo y te hartes de rellenar perfiles profesionales; intenta hacer algo de contacto con antiguos amigos o profesionales mediante las redes sociales. En Internet encontrarás información muy útil de cómo hacerlo. Si no tienes ordenador o te resulta muy cara la conexión, verás que más cerca que donde crees hay conexión gratuita que puedes aprovechar (asociaciones de vecinos, ayuntamientos, centros culturales, etc…)
  6. Paralelamente, no tardes en pedir información de posibles ayudas económicas a las instituciones para paliar en algo la situación, pero recuerda; son ayudas y no van a estar ahí siempre. Siempre es mejor estar trabajando y tener nómina a fin de mes.
  7. En relación a los dos últimos puntos, aprovecha todos los servicios gratuitos que te ofrezcan en tu lugar de residencia: servicios de orientación e inserción laboral, mediadores de empleo.

No es mi pretensión establecer unas pautas determinadas para la búsqueda a corto plazo, ni mucho menos. Sólo quiero poner sobre el papel que estas personas existen, y seguro que a tí también se te ocurren algunas ideas ¿cuáles son?

Oliver Serrano León

SALIDAS LABORALES: ¿JUGAMOS?

Hace unas semanas mi antigua compañera de trabajo y amiga Águeda Acosta me solicitó si podía colaborar en el curso de “Técnico de Formación” que está impartiendo a un grupo de desempleados en Santa Cruz de Tenerife. Para mi ha sido una maravillosa experiencia poder volver a compartir un proyecto común con Águeda, una maravillosa profesional de la orientación y de la formación, y volver a trabajar con el colectivo de personas desempleadas como hice durante 4 años, tiempo atrás.

Una vez superadas los trámites administrativos del servicio público de empleo necesarios para que un ponente externo pueda participar en un curso, la idea inicial que nos planteamos, era la de intentar reflejar con el caso real de la empresa para la que trabajo cómo se elabora un plan de formación. A pesar de que habían recibido la formación teórica de cómo realizarlo estaban muy expectantes de confirmar lo que sabían.

Se trataba de un grupo muy interesado en el tema y muy activo en las preguntas, (¡gracias por su atención e interés en la ponencia !). Lo que más me sorprendió y que quisiera compartir con todos es el debate posterior a la exposición que se abrió relativo a la muchos temas interesantes.

Una línea versaba sobre la diferencia en el mercado laboral entre el “gestor de formación” y el “técnico de formación”, dos cursos que se dan por separado pero que cuando analizamos los contenidos que tienen sus módulos se solapan, y cuyas salidas laborales son muy similares. Sinceramente, mi respuesta fue que en el mercado laboral es muy difícil que una empresa tenga dos personas para estas funciones y que ambos al final desempeñaban las mismas tareas: planificación de la formación, diseño de contenidos, gestión de documentación relativa a subvenciones, preparación de las aulas…Incluso hablando al día siguiente con un compañero de mi trabajo que le explicaba la duda acaecida, y al cual yo consideraba que era nuestro gestor de la formación, me decía que el gestor era yo y el técnico él, cuando yo pensaba lo contrario, anécdotas de la confusión que provoca este solapamiento de contenidos formativos.

La diferencia de los tres tipos de lenguaje utilizados en el mundo laboral (el de la formación ocupacional, poniendo nombres a los cursos, el de la oficina de empleo, basado en el certificado nacional de ocupaciones, y el del mercado laboral) hace que se intente parcelar las funciones bajo una visión que no es real. No hace muchos años cuando uno acudía a la oficina de empleo como psicopedagogo te daban de alta como licenciado en psicología y pedagogía ya que no existía en su programa informático esa profesión.

Pero la pregunta que más me impactó fue la de saber si yo “conocía muchos técnicos de formación en otras empresas de nuestra comunidad y qué perfil académico tenían ” El análisis de esta pregunta me hizo entender rápidamente el porqué de su formulación. Además de la normal desesperación de saber si el curso que uno realiza tiene muchas salidas laborales, y más en estos tiempos de menores contrataciones, nos encontramos que en los cursos de los servicios públicos de empleo siguen conviviendo perfiles de BUP, Formación Profesional y universitarios, cuando para determinadas profesiones en el mercado laboral sólo son contratados licenciados. Mala planificación por no tener estudios serios con una fotografía real de lo que puede absorber el mercado y lo que no. ¿ Tendrá algo que ver el hecho de que el desempleado apuntado a formación no sale en las estadísticas?

Otro ejemplo, ¿Es lógico que en una zona dónde hay un ciclo formativo de hostelería sobre cocina haya además un curso de cocinero del servicio público de empleo?

Pero si creo que es importante apuntar que los orientadores y formadores debemos, tanto en las sesiones de orientación, como en los cursos, en el módulo de búsqueda de empleo que normalmente contienen, no sólo enseñar como hacer un currículum o una carta de presentación, sino trabajar intensamente las salidas laborales que nuestros usuarios tienen.

Recuerdo en mi época de orientador como al preguntar “¿ De qué cosas puedes trabajar con tu profesión?”, casi ningún usuario del servicio era capaz de nombrar más de 5 tipos de empleo. Lo cual es normal sabiendo que, aunque nos forman muy bien en los ciclos de formación profesional y en la universidad, nadie nos enseña cuales son nuestras salidas laborales. Así que “ jugábamos” durante alguna sesión o, como “tarea para casa”, a descubrir cuáles son todas “mis salidas laborales”

Por lo tanto, era normal que este alumno me preguntara si conocía otras empresas que tuvieran a un técnico de formación, sin percatarse del hecho de que el curso además de para esto le capacita y le otorga un nuevo abanico de salidas laborales.

¿ Por qué no enseñamos más a jugar a descubrir qué salidas laborales tenemos para ampliar el radio de sitios dónde dejar nuestros currículum?

Gracias a este maravilloso grupo y a Águeda por la oportunidad de dejarme aprender tanto de ellos y volver a ser su orientador por un día.

Sergio Martín Corzo


DIPLOMADOS EN TURISMO EN CANARIAS: ¿EN CASA DEL HERRERO CUCHILLO DE PALO?

La actividad terciaria es uno de los sectores clave de la economía. Consiste en la prestación de servicios a las personas y a las empresas de tal manera que puedan dedicar su tiempo a trabajar o al ocio, sin necesidad de hacer todas las tareas que requiere la vida en una sociedad desarrollada.

Los servicios de ocio y turismo se han convertido en una necesidad, y en una de las principales actividades económicas en las economías desarrolladas, hasta el punto de que en países como España es la principal fuente de divisas y el motor económico de muchas regiones.

En el caso de Canarias, la terciarización económica es indiscutible y las islas tienen gran parte de su población empleada dedicada al sector servicios, más del 70%, especializada en el subsector del turismo. Aunque actualmente el turismo puede verse afectado por la crisis mundial, no cabe duda que es el principal fuente de ingresos de las islas (de manera similar que las Baleares u otras regiones turísticas) es este sector, ya que, por otro lado, el sector primario sobrevive gracias a diversas ayudas y el secundario no está demasiado desarrollado en esta provincia.

Partiendo de esta información, puede parecer bastante lógico que muchos jóvenes, al finalizar sus estudios de secundaria y bachillerato, opten por estudiar un ciclo formativo o una carrera relacionada con el turismo. En el caso de los ciclos, ya sabemos que en la actualidad están bastante bien orientados hacia el mercado laboral y que las expectativas pueden no ser tan altas como las de un licenciado o diplomado universitario.

El problema lo encontramos en la Diplomatura o el nuevo Grado en Turismo. Empecemos con un dato escalofriante: se trata de la segunda carrera con más paro en la Comunidad Canaria (ver los datos en el Observatorio de Empleo de canarias, del Gobierno Autonómico). Los datos son objetivos, pero también sugieren una posible contradicción: ¿Cómo es posible que exista tanto desempleo en ese ámbito si se trata de la principal actividad?

En el servicio de orientación son bastantes los diplomados en Turismo que se hacen la misma pregunta cuando les mostramos las estadísticas en el ordenador. No se lo acaban de creer y se cuestionan las causas de este fenómeno.

Sin intentar ser un gurú ni pretender dar respuestas que solucionen o palien el problema, sí me gustaría aportar una serie de aspectos que intervienen en la situación:

En España, en términos generales, tenemos muy pocos conocimientos de idiomas, y los que conocemos los solemos hablar muy mal. En el plan de estudios de la Diplomatura o del nuevo Grado en Turismo se incluyen el inglés y alemán, pero con un nivel deficitario con respecto a las demandas del empresariado.

Falta de conocimientos o escaso dominio de los programas de gestión habitualmente utilizados en agencias de viajes y hoteles (Amadeus, Noray u otros).

Debilidad en el factor movilidad: la mayoría de la oferta turística de las islas se sitúa lejos de las zonas metropolitanas. Muchos de los trabajadores son reticentes a desplazarse al sur para emplearse en el sector, debido a la lejanía de sus lugares de residencia.

Relacionado con este último, otro problema es la escasa disponibilidad para trabajar durante alguna temporada en el extranjero o península (lo que de alguna manera resolvería el problema de los idiomas o de la movilidad geográfica).

En general, y aunque es algo por desgracia bastante común en todos los estudios universitarios, no se trabajan algunas competencias necesarias para el correcto desempeño del puesto (ej: orientación al cliente ).

Por todos estos factores, y alguno más, en muchas ocasiones se da el caso de que el encargado de selección de un hotel de cierta categoría, prefiera contratar a una persona con total dominio de ciertos idiomas y con facilidad para el uso de programas de gestión que a una persona con un Grado en Turismo y varios cursos de postgrado (los ejemplos los podemos ver en las ofertas de la Fundación Canaria para el Fomento del Trabajo, en las ofertas de Ashotel ).

¿Cómo podemos cambiar las cosas para que se ajuste la oferta y demanda en este sector? ¿Qué aspectos hay que mejorar u optimizar? ¿Nos cuesta a los canarios y españoles en general desplazarnos al extranjero, aprender idiomas, etc…?

Oliver Serrano León.

¿FORMACIÓN COMPLEMENTARIA O FORMACIÓN OCIOSA?

Ya hace tiempo hablamos en el blog de la importancia y del valor añadido de la formación complementaria. Aunque puede ser muy discutibles en la actualidad las ganancias que obtenemos con los cursos complementarios a nuestra titulación básica ( ver artículo de Jose Luis del Campo Villares), no nos cabe duda de que una formación bien elegida puede facilitarnos una mejor empleabilidad.

Una de las ofertas formativas más amplias y de carácter gratuito es la del sistema de Formación para el Empleo, que implica cursos prioritariamente para desempleados y por otro lado dirigidos prioritariamente a ocupados (recordemos que en la actualidad todos los colectivos pueden acceder a cualquier curso, ya que aunque un plan de formación sea eminentemente para ocupados, los desempleados tienen acceso y viceversa).

Con respecto a este tema me he encontrado con una situación bastante prototípica:

Muchos demandantes de empleo se preguntan ¿Sirven de algo los cursos del paro? Sin duda, es la pregunta “estrella” en los servicios de empleo y orientación, y la respuesta ha de ser clara: depende para qué y cómo. Me refiero a que los cursos de los servicios de empleo, al igual que otras acciones formativas que existen en el mercado deben ser tomados en consideración según la situación de cada demandante. Pondré dos ejemplos diferentes para describir las situaciones que nos podemos encontrar.

a) Técnico en Electromecánica de Vehículos (antiguo FPI de Automoción), con el título obtenido en 1999 y que por diversas razones apenas ha podido desarrollar su profesión en ese ámbito (el usuario detecta que debe reciclarse porque se ha quedado desfasado en algunos conocimientos sobre la materia). Ahora tiene un período largo de prestaciones por desempleo y desea hacer un curso de Mecánico de Automoción y Equipos de Inyección, con una duración de 700 horas, con posibilidad de prácticas en empresa.

¿Le “serviría” el curso a esta persona?

b) Técnica Superior en Agencias de Viajes, con título obtenido en el año 2004. Su única experiencia laboral relacionada con el sector ha sido el desarrollo de unas prácticas laborales dentro del ciclo formativo. Ahora está interesada en hacer un curso de Dietética y Nutrición (700 horas) o de Maquilladora (450 horas), porque le atraen ambas profesiones y se ha “desencantado” del trabajo de agente de viajes (entre otras razones porque tampoco lo ha desarrollado demasiado).

¿Le “servirían” estos cursos a esta persona?

En ambos casos tenemos a personas motivadas por formarse, pero las motivaciones son completamente diferentes: un demandante desea formarse para reciclarse o aumentar su formación dentro de un sector concreto, y a otra que desea cambiar radicalmente de sector.

Si tuviera que orientar a estas personas, le diría a la primera que la formación que se plantea puede ayudarle a reinsertarse en el campo laboral deseado, actualizando conocimientos y poniéndose al día. Sin embargo, con la segunda persona tendría más dudas: el cambio de sector es notable, pero la formación a la que aspira podría quedarse corta (450 y 700 horas estarían compitiendo con ciclos o diplomaturas de 2000 horas o más).

Con estos ejemplos he querido mostrar uno de los mayores problemas de la formación complementaria: la confusión con la formación de “ocio”. La gran mayoría de nosotros tenemos nuestro trabajo para el cual nos hemos formado, o al menos, tenemos unas competencias adecuadas para desarrollarlo, pero tanbién tenemos hobbies, aficiones, etc…que ocupan una buena parte de nuestra vida (aunque con el ritmo que llevamos cada vez menos seguramente). En el segundo caso ¿crees que la persona está haciendo una formación “ociosa”?

Estoy de acuerdo con Jose Luis del Campo en que la formación sí ocupa lugar, y también tiempo invertido y en algunas ocasiones dinero, lo que me lleva a la siguiente reflexión: ¿Invertimos correctamente nuestro en formación complementaria? O por el contrario ¿desperdiciamos muchas horas en formación ociosa? ¿Qué hubieras aconsejado a estas personas?

Oliver Serrano León.

¿QUÉ SON LOS SERVICIOS OPEA? (II): EL PERFIL DEL ORIENTADOR

Hoy nos dedicaremos a describir el perfil del orientador que nos va a atender en un servicio OPEA. Me gustaría dejar claro que las características no siempre son las deseables en un profesional en orientación, pero sí que son las que exigen los servicios públicos de empleo.

Cuando se publican las convocatorias para las subvenciones en materia de programas de orientación profesional para el empleo y asistencia para el autoempleo, se especifican las siguientes características que debe reunir un orientador:

– Licenciados o diplomados, preferentemente en áreas sociales (casi siempre se habla de licenciaturas en Psicología, Pedagogía, Psicopedagogía o diplomaturas en Trabajo Social, Educación Social, Magisterio o similares).
– También se requiere tener formación o experiencia en las siguientes áreas: realización de entrevistas personales, orientación profesional y utilización de técnicas de comunicación y motivación.

En la realidad laboral, la mayoría de los servicios OPEA están formados mayoritariamente por psicólogos y pedagogos, aunque también se encuentran profesionales formados en los estudios anteriormente descritas. En cuanto a la formación complementaria que se requiere, no se habla específicamente de ningún curso en concreto, aunque los más típicos suelen ser: Orientador profesional y promotor de empleo, Introducción a la Metodología Didáctica, Técnico en Formación, Formador Ocupacional u otras acciones formativas con contenidos afines.

Conviene aclarar que los cursos citados pertenecen en su totalidad al catálogo del antiguo Plan FIP; no significa que no se valoren otros cursos, pero al pertenecer a ese catálogo son más fáciles de identificar por parte de las personas que van a seleccionar a los orientadores.

Por otro lado, también se va a valorar en la selección que el candidato a orientador haya desarrollado su experiencia laboral anterior en servicios similares (proyectos de inserción laboral de ayuntamientos, programas para la mejora de la empleabilidad de instituciones concretas, etc…). Habitualmente los profesionales de los servicios OPEA son seleccionados con dos entrevistas: la primera es realizada por la entidad promotora del proyecto (fundaciones, sindicatos, instituciones sin ánimo de lucro, Administraciones Locales…), y una vez superada ésta, deben pasar por el filtro de los Servicios Públicos de Empleo de cada Comunidad Autónoma o de los servicios centrales si no hay competencias transferidas en la materia.

Como toda norma, también en estos casos se dan excepciones: aunque no sea el perfil más prototípico, hay abogados o diplomados en relaciones laborales que han ejercido la orientación laboral (en estos casos pueden aportar conocimientos sobre derecho laboral o información para el autoempleo que los demás orientadores desconocen).

Lógicamente, como decía al principio, la titulación requerida o la formación complementaria que se exige no dan garantías de que el orientador haga bien sus funciones. Para mi opinión, hay dos aspectos fundamentales que se deben contemplar:

– Por un lado, el trabajo del orientador tiene un componente muy importante de carga administrativa (entrega de documentación, justificación de las sesiones con el usuario, y que en general, que los números cuadren, algo que explicaremos más adelante).
– Además, el profesional debe conocer perfectamente los recursos de la zona y mantenerlos actualizados, aparte de tener unos amplios conocimientos de formación, mercado laboral, prestaciones y temas afines.

En todo caso, para mi opinión e independientemente de todo lo anterior, el orientador debería desarrollar competencias de empatía, comunicación, escucha activa y capacidad para la motivación. ¿Añadirías tú alguna más?

Oliver Serrano León.