EMPLEO: SOLO NO PUEDES. CON AMIGOS SÍ

Fui de pequeño uno de los afortunados en poder disfrutar de La Bola de Cristal, aquel programa contemporáneo a la movida de los 80 y del que tantos buenos recuerdos tengo. El otro día me encontraba con un vídeo o sketch del programa que se titulaba “sólo no puedes, con amigos sí”, donde se observa a un muchacho que pretende jugar el solo al fútbol. La moraleja del vídeo es clara: para jugar al balompié, mejor con unos cuantos amigos.

Sin embargo, en muchas ocasiones creemos que hay ciertas actividades que debemos hacer solos, porque creemos que es nuestra responsabilidad. Uno de esos casos es la búsqueda de empleo. Nos encanta ir de cañas, juntarnos para hablar, hacemos barbacoas y quedamos con los amigos para que los niños jueguen juntos, pero con respecto al tema del trabajo, aunque comuniquemos a los demás que estamos en paro, no solemos usar el trabajo en equipo. Quizás somos un poco raros: por nuestros valores y educación estamos acostumbrados a ayudar a los demás, pero nos cuesta pedir ayuda a nosotros.
Incluso hay veces, aunque no la mayoría, en que ciertas personas que han perdido su trabajo son incapaces de contárselo a su propia familia, y aparentan ir a trabajar todas las mañanas porque no saben cómo comunicar esa pérdida a sus allegados. En todo caso, aquí hablamos de comunicación: hay gente que comunica su pérdida de empleo y búsqueda de uno nuevo, y gente que no es capaz ni siquiera de ello.
Pero quizás el concepto de comunicación se nos queda algo corto: hablemos de interacción. Las redes sociales y profesionales nos permiten interaccionar entre nosotros en tiempo real, y pueden darnos posibilidades interesantes en el contexto de la búsqueda de empleo.
Uno de los conceptos de los que más se habla últimamente con respecto a la búsqueda de empleo es el networking. Networking por aquí, networking por allá…no sólo encontramos ese palabro en asuntos relacionados con el trabajo, sino que viene a ser al mismo tiempo una de las más importantes causas y consecuencias de la filosofía 2.0
Con respecto al trabajo en red, significado literal del concepto anglosajón, algunos expertos y bloggers no dudan en mostrar su interés en el uso del networking para la búsqueda de empleo (pueden ver ejemplos en el blog de @seniormanager, el blog de @JoseLdelCampo o el blog de  @Yoriento), y sin embargo otros dudan de su verdadera eficacia (por ejemplo, en el blog de @David_Monreal).
Los que defienden el uso del networking hablan de la posibilidad de establecer contactos con profesionales similares a nosotros, o simplemente con personas que nos pueden aportar “algo”en nuestra vida profesional; sin embargo otras personas no ven las redes sociales y profesionales como verdaderas fuentes de reclutamiento. Una de las discusiones y debates más frecuentes es si se usan las redes como un fin en sí mismo o como un medio para llegar a otro fin. Sin embargo creo que el problema no es ese: debemos encontrar la escala de grises.
¿Escala de grises? Sí, busquemos un punto intermedio. En una sociedad donde tendemos a polarizarlo todo o a fabricar constantes dicotomías (bueno-malo, rojo-facha, normal-friki, etc), sería conveniente que examináramos la amplia de colores intermedios que van desde el blanco al negro, y más si hablamos de cuestiones como las redes en Internet. ¿Twitter es bueno? ¿Facebook es una tontería? Pues creo que sería como preguntarnos si la tele es mala o buena, o si los helados de chocolate son perjudiciales o no: si ves la tele 13 horas al día y te comes 8 helados diarios, probablemente son malo, malísimos, pero no si haces un uso adecuado de ello.
No se trata de que para buscar trabajo tengamos que poner un anuncio en la fachada de un gran edificio de la Gran Vía madrileña; simplemente podemos darle el uso adecuado a estas herramientas en la web 2.0. Hay personas que lo usan para promocionar su empresa, otras porque quieren conocer amigos, algunas para ganar concursos o dinero y otras con motivos profesionales. Pero hay algo en común en casi todos ellos: se interacciona, se lanzan mensajes y respuestas, se publican posts, se hacen retuiteos y los más importantes, se hacen numerosas desvirtualizaciones (recomiendo leer en este punto el último post de Fátima Martínez López)
Démosle el uso conveniente que creamos a las redes. Seguramente no conseguiremos trabajo a causa de ellas mañana, pero tampoco lo lograremos mañana mismo por mandar un CV por mail o inscribirnos en una web de empleo. Hagamos una búsqueda de empleo activa, pero también interactiva.
En resumen, y modificando un poco la frase que daba título al post, en el empleo solo no puedes, con networking quizás sea un poco más fácil.
Oliver Serrano León.

COMUNICACIÓN: DE LAS SOCIEDADES ORALES AL RT

Se calcula que el lenguaje aparece hace 100.000 años, aunque el Homo Sapiens hubiera surgido hace 150.000 produciendo un proto-lenguaje. Es el Homo Habilis, caracterizado por su aumento craneal y sus desarrolladas articulaciones a quién podemos asignar el comienzo del uso de la lengua.

Hasta el momento de la creación de la escritura, existía la necesidad de almacenar de alguna forma en la memoria colectiva e individual toda clase de información (historias, nombres, mitos…). Para ello, se crearon mapas lingüísticos (rituales), entre los que se encuentran:

§ Las fórmulas: Introducción oral breve y acompañada de música, a partir de la cual se engancha una exposición extensa de todo aquello que recuerda. Se utiliza en el aprendizaje ya que resulta una fórmula fácil y sencilla.

§ Los nombres de lugares y personas: Los nombres propios hacen referencia a nombres de los diferentes clanes y lugares, a pesar de ser limitados, son clave para memorizar qué existe en el sitio mencionado.

§ La poesía: Histórica, religiosa, mitológica, etc. suele ser musical, teniendo ritmos muy definidos.

§ Las narraciones: Históricas, personales, introducciones a historias más grandes pero que contienen mucha información histórica.

§ Los repertorios legales o de otra índole: Son las más raras, escasas, ya que ocupan mucha memoria.

Estas fórmulas se transmiten de boca en boca hasta la aparición de la escritura. Dentro de este grupo podemos incluir las técnicas de los chamanes que recurrían a un entrenamiento para memorizar con recursos relacionados con la memoria auditiva: ritmos, movimientos, sonidos, melodías, etc.

A partir de este momento, y de forma asíncrona, poco a poco distintas civilizaciones van adoptando diferentes formas de escritura (Mesopotamia, Egipto, Asia, culturas mesoamericanas…), aunque la aparición de la escritura está ligada a la aparición de la división social. Las primeras escrituras aparecieron en los templos, donde se localizaba la clase sacerdotal. Los sacerdotes se encargaban de la contabilidad y la administración de los impuestos, utilizando para ello unas tablillas de arcilla, donde el número tenía más peso que la letra (escritura cuneiforme).

Más adelante, gracias a los fenicios aparece el alfabeto semítico y son los griegos los que empiezan a usar 5 vocales y la escritura de izquierda a derecha. Un tiempo después, se extiende por el mediterráneo y es adoptado por los romanos, constituyéndose finalmente el latín, antecesor de las lenguas románicas.

Podemos considerar la comunicación una necesidad básica, aunque no aparezca explícitamente en la pirámide de Maslow. Se dice que la Historia aparece como tal con la comunicación escrita, y no cabe duda de que haya sido la principal vía de transmisión de conocimientos en los últimos siglos. Gracias a la escritura hemos podido aprender en el cole, leer nuestras primeras novelas, escribir nuestros apuntes cuando ya somos mayores, cotillear con algunas revistas o pasar muy buenos ratos en la biblioteca.

Pero no toda la escritura se resume en asuntos académicos, ni mucho menos. Con la aparición de Internet (¿recuerdan los primeros BBS, el IRC, ese primer muñeco del Messenger…?) la comunicación escrita e inmediata entre personas creció exponencialmente. Si bien las posibilidades no eran muchas, esas herramientas nos daban la posibilidad de una comunicación bidireccional o incluso multidireccional en tiempo real, lo que podía ya sustituir a las conversaciones por teléfono. Por supuesto, la llegada del e-mail sustituía también de alguna manera al correo tradicional o a las postales.

Sin duda, la salida al mercado de la telefonía móvil reforzó en gran manera la comunicación escrita, ya que, aunque los fabricantes no lo preveían en un primer momento, los mensajes de texto cundieron entre los usuarios y siguen suponiendo hoy en día una parte importante de la facturación de las empresas proveedoras.

Es en este contexto del auge de la comunicación electrónica cuando Internet 2.0 nos ofrece las redes sociales. Ya no se trata sólo de saludarnos o de desearnos un feliz año nuevo por el Messenger o por Internet; ahora podemos subir vídeos, música, enlazar páginas web y tener una comunidad de amigos, usuarios o seguidores que son capaces de seguirnos de inmediato. A la vez, podemos leer la prensa nacional e internacional, revisar blogs interesantes, conocer de primera mano las cotizaciones en bolsa o ver en youtube los vídeos más interesantes o absurdos, si cabe.

Una de las últimas revoluciones si hablamos de comunicación es Twitter. Esta aplicación, llamada a veces “minifacebook” o herramienta de “microblogging” comparte varias de las mejores características de otros estándares: es rápida, permite subir enlaces de todo tipo y sobre todo permite una interacción rápida por la limitación e caracteres, similar a la de los mensajes SMS de los móviles. Twitter mantiene en contacto a profesionales, políticos, usuarios anónimos y cualquier persona en general, favoreciendo una interacción eficiente y fluida.

Pero una de las cosas más curiosas que me resultan de Twitter es el concepto de RT. El retweet o retuiteo es una función que incorpora, con la cual volvemos a mostrar a nuestros seguidores o followers una información que nos ha parecido interesante, lo que hace que se distribuya rápidamente por la red. Es algo así como “¿no te has enterado de…? Espera, que te lo paso”. Se ha escrito mucho últimamente en la blogosfera acerca del tema (me gustó especialmente el último post de @arey), donde se expone que quizás se hace un uso excesivo del RT, o se “piden” demasiados RT. Al fin y al cabo, un RT es dar a conocer algo que nos ha gustado, pero parece ser que muchas personas “lo necesitan” para su supervivencia en la página del pajarito.

Algunos usuarios retuitean por costumbre casi todo lo que leen, otros son más selectivos y otros puede que no lo hagan nunca; no cabe duda de la utilidad del RT: es una manera de mostrar lo que leemos, sobre lo que opinamos, noticias, etc…Ya existen rankings de los usuarios más retuiteados o más seguidos por los navegantes.

Lo que me pregunto es si de alguna manera todo este maremagnum de tecnología está haciendo que se pierda de alguna manera la comunicación oral. Esa que nos permite ver los estados de ánimo, la que incluye lenguaje no verbal y las que nos deja ver las emociones del otro. Muchos dicen que contactar con personas virtuales hace que luego se desvirtualicen y amplíen sus redes sociales, pero ¿tú que opinas?

Oliver Serrano León

Nota: parte del contenido tomado de Wikipedia

EGOCENTRISMO 2.0: NARCICISMOS DIGITALES

Hace poco más de un año Sergio y yo descubríamos el universo bloggero. Desde que nos conocemos, que ya son unos cuantos años, nos ha encantado conversar de múltiples temas, aunque casi siempre con la Psicología de por medio. Pocos días atrás cumplimos un año en el blog, y dimos buena cuenta de ello regalando varios trozos de tarta a nuestros seguidores y visitantes.

Son varios años ya los que han pasado desde la explosión de los blogs en Internet. Mientras los capitanes de barco han apuntado desde tiempos inmemoriales sus incidencias y desarrrollo de viajes en sus cuadernos de bitácora, los diarios en en la red han permitido múltiples oportunidades de expresión a millones de personas en todo el mundo. Muchos de los blogs empezaron como una recopilación de artículos de autores ajenos (todavía hay muchos de ese estilo), o bien cuadernos personales donde se iban anotando las vivencias del día a día.

Con el tiempo la blogosfera se ha llenado de páginas de todo tipo: personales, profesionales, de ayuda, blogs corporativos, o webs temáticas, donde podemos encontrar infinidad de información, opinión y documentación de todo tipo. También se han convertido en punto de enlace para transmitir o retransmitir información, aunque con el auge de las redes sociales, esta utilidad quizás ha pasado a un segundo plano.

Pese a que muchos auguran el fin de la era de los blogs con el nacimiento de estas redes y del mal llamado microblogging (ej: twitter), no cabe duda que son incontables los blogs que nos podemos encontrar en la telaraña electrónica. Nosotros en este año hemos tenido la oportunidad de contactar, aunque sea de forma virtual, a enormes profesionales que de otra manera nos hubiera sido muy difícil conocer. Incluso es muy habitual que trabajadores de diferentes empresas tengan sus propios blogs, aunque todavía existan organizaciones blogalifóbicas.

Pero todo lo que trae ventajas también conlleva problemas. El primer fenómeno problemático conocido fue el del spam (todavía en vigencia), donde se envían correos electrónicos masivos. Pero uno de los grupos más conocidos en los foros son los “trollers”, que son personales que se dedican a hacer spam, llamar la atención o polemizar con el fin único de llamar la atención o de hacer publicidad de su sitio web, en muchas ocasiones de dudoso contenido.

Después de un cierto tiempo conectado a las redes sociales y profesionales, he detectado que muchas personas usan estas herramientas como un método de elevar su autoestima. Seguro que todos hemos conocido (y también eliminado de nuestros contactos) a personas que inundan el muro de facebook o el timeline de twitter con contenidos varios y que agregan al mayor número posible de amigos o seguidores. En algunas ocasiones estas personas pueden llegar a sentirse mal si sus posts no son comentados, o si los comentarios no son del todo favorables, es decir, basan su autoestima en estos fenómenos como muchas veces un aficionado al tunning puede basar su ego en la cantidad de piezas agregadas a su coche.

En la blogosfera, aunque se trata de un medio menos inmediato que el de las redes sociales, el fenómeno es parecido. No cabe duda de que cuando nos leen, seguramente nos sentimos bien: con alguna probabilidad hemos aportado algo que resulta interesante a los lectores, logramos más suscriptores y seguidores en twitter, y de alguna manera nos hacemos un poquito más protagonistas.

Más allá de los posibles fines lucrativos de un blog (realmente pocos pueden decir que vivan de él), el fenómeno de los “followers” se ha generalizado, tanto en el uso del sustantivo como en el de los lamentos y suspiros por conseguir más (“Ojalá tuviera tantos followers como tú…¿cómo lo haces?”; “Mi madre, que cantidad de seguidores y visitas tiene esta persona, voy a seguirlo a ver si se me pega”). Lo problemático es que dependamos de ellos para que nuestra valoración de nosotros mismos sea directamente proporcional a la cantidad de visitantes, suscriptores o seguidores.

Aunque el término “narcisismo” no sería del todo aplicable a este fenómeno (sobre todo porque la palabra implica egoísmo, y la filosofía 2.0 implica compartir y colaborar), bajo mi punto de vista sí existe un narcisimo digital o ego 2.0, donde la persona depende de su popularidad en la red para sentirse mejor: si tengo más fotos etiquetadas en Tuenti, soy más “guay”, si me retuitean en twitter, soy el amo del mundo, etc…Los rankings también ayudan, en cierta manera a incrementar este narcisismo (“estoy en el puesto 7 de la lista de más leídos, he aparecido en el ranking de los más seguidos”, etc. Desde luego, la inmensa mayoría las personas que escriben en la red no tienen estas características pero…

¿Crees que de alguna manera los posts te suben la autoestima? ¿te sientes mejor cuantos más seguidores tienes? ¿en qué medida le das importancia a todo esto? ¿usas Internet como un medio o como un fin en sí mismo?

Oliver Serrano Léon

Viñeta: Forges

VOUYERISMO 2.0: ¿SÓLO MIRAS O TAMBIÉN PARTICIPAS?

En plena ebullición de las redes sociales y profesionales, muchas personas se hacen cuentas compulsivamente en diferentes servicios que nos ofrece actualmente la red. A quién le interesa un ligue más o menos fácil se inscribe en Meetic, los adolescentes con las hormonas a rebosar abren una cuenta en Tuenti, en dónde el número de fotos donde aparezcan etiquetados es directamente proporcional a su autoestima; los trabajadores que buscan aumentar sus contactos profesionales se apuntan a Xing o Linkedin, y en general, el común de los mortales está registrado en facebook, y algunos menos en twitter.

Tim O’Reilly se refería en la conferencia O’Reilly Media a la Web 2.0 como “una segunda generación en la historia del desarrollo de tecnología Web basada en comunidades de usuarios y una gama especial de servicios, como las redes sociales, los blogs, los wikis o las folcsonomías, que fomentan la colaboración y el intercambio ágil y eficaz de información entre los usuarios de una comunidad o red social.” La Web 2.0 era, al fin y al cabo, una web social por el enfoque colaborativo y de construcción social de esta herramienta.

Las redes sociales y profesionales han alcanzado en poco tiempo millones de usuarios, y no cabe duda de su utilidad: por un lado nos permiten estar en contacto con amigos y familiares de los que hacía tiempo que no sabíamos nada (ahora podemos saber dónde van de vacaciones y dónde se toman las copas) y por otra parte también nos dan la posibilidad de compartir información con profesionales de nuestra área de trabajo y estar al día de las publicaciones interesantes en la red.

Pero, curiosamente, muchas de las personas que se inscriben en este tipo de servicios son “pasivos”, es decir, tienen una una cuenta activa pero apenas hacen uso de ella. Podemos ver su perfil personal y profesional, pero no hacen una participación activa en la red. ¿Debe ser esta la filosofía 2.0? ¿Apuntarnos sólo por el mero hecho de hacerlo? Creo que no. No se trata de practicar un tipo de voluntarismo, en donde nos sintamos obligados a compartir información y contenidos, pero desde luego, si queremos que los demás compartan, también deberíamos tenerlo en cuenta nosotros.

Hasta el momento, y esperemos que nunca aparezca, no hay ningún dogma de fe que nos indique qué uso debemos darle a las herramientas 2.0: muchas personas sólo las usan para promocionar un producto, otras lo usan para dar a conocer ideas, pensamientos y reflexiones, y en general la utilización de estos recursos es tan libre como la libertad de la persona que los use.

Pero aunque estemos inmersos en el 2.0, hay muchos usuarios 1.0, o como mucho 1.5. Están en la red, pero la usan como vampiros, chupando bytes y píxeles. No nos cuentan nada, no comparten, no opinan y no se expresan. Hacen un uso plenamente unidireccional de la red: veo una cosa que me gusta, la cojo, la uso, la copio o la tiro a la basura, pero no hacen un trabajo colaborativo ni aportan nada a los demás.

Tal y como decía senior manager hace unas semanas, “el 2.0 debe ser una actitud”, más allá de que nuestro perfil aparezca en todas las redes posibles. Somos todos los que creamos esta comunidad, y si son sólo unos pocos los que de verdad hacen que funcione, estamos abocados a un 2.0, pero a medias.

¿Y tú? ¿Participas o sólo miras?

Oliver Serrano León

MICROLIDERAZGOS EN LA RED: MANIFESTACIONES 2.0

La semana pasada pudimos asistir a una de las mayores revoluciones en la red española debido a una disposición final del anteproyecto de ley de Economía Sostenible. La disposición polémica introduce la posibilidad de interrumpir Internet, previa autorización judicial, a aquellos abonados que descarguen archivos protegidos por derechos de autor. Además, el texto obliga a los operadores a “facilitar los datos” de aquellos “responsables” que estén realizando actividades presuntamente vulneradoras de los derechos de autor.

De todo esto se encargaría una comisión tutelada por el Ministerio de Cultura, lo que ha suscitado las críticas de la Asociación de Internautas y de cientos de miles de usuarios en la red que no consideran apropiado que no sea un juez el que se encargue de decidir si estas acciones son legales o no.

Paralelamente, en algunos blogs nacionales ( ver jmbolivar, yoriento, cloud consulting, senior manager, somos personas, no recursos, etc…) se debate en la actualidad la necesidad del uso de Twitter como herramienta de para comunicar y compartir contenidos, es decir, ser 2.0 o no serlo. Independientemente de la opinión de cada cual, lo cierto es que los hechos ocurridos hace unos días nos han demostrado algunos cambios importantes, sobre todo en lo que se refiere al liderazgo.

Siempre hemos entendido que el líder es alguien respetado, admirado y seguido por su equipo de colaboradores, construyendo las mejores condiciones para que su organización avance, dando siempre el ejemplo, y poniendo en práctica proyectos de principio a fin. En el caso de los liderazgos sociales (política, movimientos activistas) estamos acostumbrados a que sea una persona la que porte el mensaje y tenga una masa detrás que le siga en sus reivindicaciones y sus acciones.

En estos días hemos podido comprobar cómo la figura del líder personal se ha diluido en una suerte de microliderazgos en red. El uso de las redes sociales hace que, aunque haya una o varias personas que generen un mensaje y lo difundan, seamos todos en conjunto quienes ejerzamos un liderazgo en grupo, ya que las herramientas actuales nos permiten que la transmisión de la información sea instantánea y que el debate se genere también de inmediato.
Una de las más inmediatas consecuencias de una reivindicación social es la manifestación en la calle. Habitualmente se convoca a las personas para que protesten en la calle contra lo que consideran injusto, concentrándose durante unas cuentas horas con pancartas que identifican el motivo de la protesta. De este tipo de hechos, según sea más o menos relevante suelen dar buena cuenta los medios de comunicación.

Pero desde hace poco tiempo creo que el concepto de manifestación no tiene por qué incluir necesariamente salir a la calle. Aunque siempre seguirán existiendo convocatorias “tradicionales”, la figura de los microliderazgos ha puesto sobre la mesa una nueva forma de manifestarse, a lo que yo llamo “manifestación 2.0”. Si antes necesitábamos salir a la calle para ser escuchados, el facebook, twitter y otras redes han sustituido al asfalto; ya no hacen falta carteles, pancartas, megáfonos u otros utensilios. El uso de la red es tan universal que la prensa y televisión no son imprescindibles, porque Internet se ha convertido en el medio de comunicación más importante.

¿Nos hubiéramos imaginado hace unos pocos años la retransmisión vía twitter de la reunión de los bloggers con la Ministra de Cultura? Seguramente no. La inmediatez en la transmisión de datos nos hace a todos un poco líderes a la vez que masa de protesta. Somos capaces de ver en directo como los bloggers se reúnen con algunos altos cargos del Gobierno, y conocemos en tiempo real sus opiniones e impresiones. El universo 1.0 (radio, TV, y prensa tradicional) se queda atrás con respecto a la red.

Si los modos de comunicación cambian, la manera de manifestar las opiniones también lo hace. Estamos en la era de las manifestaciones 2.0. No nos veremos en la Puerta del Sol, ni en la Rambla de Canaletas, ni en ninguna otra parte. Ya no es necesario. Lo que sí veremos es el twitter ardiendo de noticias y compartiendo, debatiendo y discutiendo informaciones y opiniones.
Nos vemos en las redes.

Oliver Serrano León